Valores Culturales

La Indumentaria

En la ropa masculina hay una explosión de color y ornamentos. Los hombres del Iberá parecen tener un reloj biológico acomodado a la naturaleza, porque viven en íntima relación con ella y, como en las aves, el macho es el más colorido para llamar la atención de las hembras. Haciendo una analogía, el gaucho ibereño adorna su vestimenta con colores y bordados y siempre llama la atención, mientras que la mujer pasa más inadvertida. Sin embargo la mujer tiene un rol fundamental en el atuendo masculino pues es gracias a ella y por ella que ese colorido existe.

Las prendas de trabajo incluyen guardamontes y polainas de vivos colores, cinto ancho, rastra, sombrero de ala ancha y pañuelo. Para ocasiones especiales las bombachas de campo ganan en color, amplitud y ornamentos bordados, muchas veces haciendo juego con la corralera.

Estos bordados generalmente representan flores e iniciales, pero también pueden verse caballos o imágenes religiosas y muchas veces incluyen la alusión literal del lugar de pertenencia del usuario, reforzando el vínculo del hombre con su entorno.

El sombrero es siempre de ala ancha y desde la década del '50 se han popularizado los de paño, pero el clásico correntino es de palma tejido y cosido a mano. Acompañando siempre la indumentaria va el cuchillo, que se lleva a la cintura, junto a la chaira, indispensable para el trabajo de campo. Como abrigo, lo tradicional son los chalecos y pulóveres en lana hilada a mano y tejidos a dos agujas.

El uso del color en Corrientes tiene matices simbólicos ya que muchas veces revela la opinión política de quien lo usa o de qué santo es devoto. Esta cualidad es especialmente importante en los pañuelos, que en otro tiempo además tuvieron la función de proteger el cuello del filo de un cuchillo.

 

Iberá no es ajeno a los procesos de globalización y a sus consecuencias. La mejora en las comunicaciones y la accesibilidad de la información traen consigo el peligro del deseo de cambiar lo local por lo ajeno, presuponiendo que es mejor. Esto ocurrió con la vestimenta femenina, que se convirtió en una copia fiel de la ropa de ciudad sin tener en cuenta si es adecuada para el clima, la geografía o la fisonomía del Iberá.

El traje típico de la mujer, actualmente solo usado en ocasión de danzas folklóricas o evento especial, se compone de falda amplia con volados y blusa o vestido con mangas y con un canesú ornamentado por alforzas o cintas. En cualquiera de los dos casos la condición fundamental es que parte de la prenda tenga estampados florares, tipo liberty. Como abrigo se usa un chal o rebozo tejido al telar o crochet con lana cruda y, en los pies, alpargatas.

La usanza del cabello largo es algo que aún puede verse en las mujeres, aunque menos que antes. El modo tradicional de llevarlo era trenzado y sujeto con una cinta.

En los hombres el cambio más significativo para los tradicionalistas es la sustitución de los pañuelos por el corbatín o la modificación en los ornamentos de bombachas de campo y corraleras, antes bordados a mano y hoy realizados a máquina o pintados. También la masificación, a través de la industria, de íconos culturales de otras regiones del país como las guardas pampas.