Valores Culturales

La Gastronomía

En la gastronomía local se ven marcadas raíces guaraníticas levemente mestizadas por la influencia española morisca. Como es habitual en los pueblos que emigran o se mestizan, lo externo, como la vestimenta, se cambia rápidamente para integrarse. Por el contrario las comidas que pertenecen al ámbito privado o familiar se preservan.

La comida del Iberá está basada en batata, mandioca, maíz, porotos y calabaza, aunque también se sirve de otros ingredientes y hábitos traídos por los jesuitas o criollos a la zona, como la carne vacuna, la leche, el queso y el aprovechamiento de algunas frutas como las naranjas amargas, las guayabas y el mamón para la fabricación de dulces.

Elaboración de quesos.

Algunos de estos ingredientes son un referente de la cultura local que supo suplantar otros traídos por la colonia, como la harina de trigo para el pan. El almidón de mandioca o la harina de maíz sirvió para elaborar todo tipo de “chipas” o pasteles, convirtiendo a la harina de trigo en algo preciado, muchas veces pagada con pieles a un acopiador que ofrecía trocar estos bienes en las islas y parajes más solitarios. La escasez de leña hace poco frecuentes los hornos en el noroeste del Iberá, aunque en zonas cercanas al espinillar sí se pueden encontrar. Por dicha situación los métodos de cocción más conocidos son los siguientes: mboca (asado a las brasas); chyriry (frito) o mbychi (bajo las cenizas).

El espacio para la elaboración de los alimentos está generalmente separado de la casa principal por una cuestión de seguridad por el fuego, característica que se repite incluso en muchas estancias. Como elementos imprescindibles de estos fogones aparece el estrebe, que permite apoyar ollas o pavas sin que vayan al fuego directo. Otro elemento imprescindible de las cocinas correntinas fue el mortero, utilizado generalmente para moler el maíz para locros, mazamorras o para preparar la harina para otras comidas.

Asado de carne vacuna.

 

Almidón de mandioca

Muchos de los platos típicos están en peligro de extinción debido a la desaparición de las huertas familiares y la consecuente dificultad para conseguir estos ingredientes. Esto no solo trae aparejado la pérdida de identidad, sino también una disminución de la calidad alimentaria ya que la dieta actual ha reducido mucho la diversidad de productos.

Sería interesante plantear una recuperación de estas huertas de autoconsumo o con fines comerciales a pequeña escala para mejorar la gastronomía tanto para pobladores como para turistas, conservando las recetas tradicionales y también creando nuevas y adaptadas a nuevos públicos.

Favorecer el desarrollo local a través del turismo responsable implica no solo que las actividades que se realicen no impacten en el ambiente, sino también respetar la cultura y tradición local. Es sencillo: el valor y atractivo de un destino turístico aumenta si puede garantizar naturaleza y cultura en sus estados más puros y sin escenografías montadas.